Blog

  • #LaIlustraciónSePaga: cuando Colima alzó la voz por los derechos de los ilustradores en México

    #LaIlustraciónSePaga: cuando Colima alzó la voz por los derechos de los ilustradores en México

    La vez que la SEP quiso nuestra firma… pero no nuestro dinero

    Todavía estábamos en pandemia, el mundo entero de cabeza, y los ilustradores de México enfrentando —además de todo lo demás— una noticia que nos dejó con la quijada en el piso: la Secretaría de Educación Pública había lanzado una convocatoria para que diseñadores, ilustradores, fotógrafos y artistas visuales de todo el país crearan las nuevas portadas de los Libros de Texto Gratuito.

    ¿El pago? Una constancia con valor curricular y un ejemplar del libro.

    Nada más.

    Como lo documentó Sopitas.com en ese momento, además de la constancia, al participar cedías a la SEP los derechos patrimoniales de tu obra, sin restricción alguna y sin un solo peso a cambio. Y esto mientras la Conaliteg manejaba ese año un presupuesto de más de tres mil millones de pesos, como señaló entonces Milenio — lo que significaba que con menos del 1% alcanzaba para pagar dignamente a los ilustradores de 42 libros de primaria.

    La respuesta del gremio fue inmediata. Según Liberal del Sur, diseñadores de todo el país lanzaron el hashtag #Anticonvocatoria e inundaron redes con portadas fake de los libros como forma de protesta. La Asociación Mexicana de Ilustradores convocó a no participar. La Red Sociedad de Tinta exigió que la convocatoria fuera retirada y reemplazada por una con paga justa. Los hashtags #LaIlustraciónSePaga y #NoVivimosDelAplauso se volvieron tendencia.

    Y yo, desde acá en Colima, no me podía quedar callado.

    Desde Colima con el micrófono encendido

    Me contactaron de IMER Noticias — radio pública, de alcance nacional — para hablar sobre la controversia. Y dije lo que pensaba, lo que pensamos todos:

    «Vemos que se menosprecia la industria del artista, que no se ha hecho mucho en cuanto a inversión pensada y analizada en cuanto a la industria creativa y toda la economía naranja que se puede aprovechar para este país. Vemos que también la ilustración es este medio de comunicación que puede funcionar y que no se aprovecha.»

    Lo sigo sosteniendo hoy, palabra por palabra.

    Porque el problema no era solo esa convocatoria. Era el síntoma de algo más grande: la idea —arraigada, cómoda, conveniente para quien no crea— de que el arte se hace por amor y por lo tanto no necesita sueldo. Que una constancia es suficiente. Que con el crédito en la portada ya quedamos a mano.

    No. No quedamos.

    Einar Salcedo, presidente de la AMDI, lo dijo muy claro en esa misma nota de IMER: si el Estado —que debería ser el primero en poner el ejemplo— lanza convocatorias así, lo que está haciendo es legitimar malas prácticas contra todos nosotros. Y Bernardo Fernández BEF lo puso todavía más directo: esto no solo nos niega como profesionales, reduce nuestro trabajo a «hacer dibujitos». Una postura, dijo, hasta chantajista.

    Me alegra haber estado ahí. Me alegra que la voz de Colima haya sumado a ese coro nacional. Y me alegra que el gremio haya respondido con dignidad, creatividad y sin bajar la guardia.

    ¿Ya lo habías leído? ¿Estabas en ese debate también? Cuéntame abajo — y si quieres escuchar el audio de la entrevista completa, está justo aquí: 🎙️ IMER Noticias — Creadores rechazan convocatoria de la SEP

    Porque recordar también es resistir.

    Fuentes consultadas

  • iPad Pro para Ilustración Digital: Cómo Cambió mi Proceso Creativo

    Sin Límites para Crear y Compartir

    Hay herramientas que no solo cambian cómo trabajas — cambian cómo piensas sobre tu trabajo. El iPad Pro fue eso para mí. No una mejora incremental sino un antes y un después en cómo illustro, cómo itero y, sobre todo, cómo comparto lo que hago.

    La ilustración digital siempre estuvo ahí, pero atada a un escritorio, a una tableta conectada, a la lógica de «me siento a trabajar». El iPad Pro rompió esa geografía. De repente el boceto podía pasar a línea limpia podía pasar a color podía pasar a publicación — todo en el mismo dispositivo, en el mismo flujo, sin fricción.

    Eso se nota en los resultados. Las ilustraciones de este compilado son muy distintas entre sí en tema y tono: un Joker trabajado en dos registros completamente diferentes — uno con línea expresiva y color plano en teal y salmón, otro en caricatura exagerada y cómica — demuestra que la misma herramienta puede sostener tanto el trabajo más elaborado como el sketch rápido y honesto.

    Lo que une piezas tan distintas no es el estilo sino la libertad de ejecución. Según Dondis (1973), la coherencia visual en una obra no depende de que todos los elementos se parezcan, sino de que respondan a una misma intención. Y aquí la intención es clara: explorar sin pedir permiso.

    El WIP como contenido: bocetar en público

    Una de las cosas que más ha cambiado con el iPad no es técnica sino comunicativa. Antes terminar una ilustración era el requisito para existir en redes. Ahora el boceto es contenido. El WIP es contenido. El error corregido en tiempo real es contenido.

    Compartir el proceso no es mostrar imperfección — es mostrar trabajo real. Y eso conecta de una forma que la pieza terminada a veces no logra. La gente no solo quiere ver el resultado; quiere entender cómo piensas, cómo resuelves, qué descartas.

    El iPad Pro no me dio talento nuevo. Me quitó las excusas para no usarlo. Si tienes una historia visual que contar, el límite ya no es la herramienta — eres tú decidiendo si empiezas hoy o lo dejas para después. ¿Cuál fue la herramienta que cambió tu proceso? Cuéntamelo en los comentarios.


    Sigue explorando ilustración digital: Diseño de personajes con elementos culturales mexicanosMermay 2022: paleta experimentalMermay 2024: cuando el color empieza a gritar

    ¿Necesitas un ilustrador digital freelance en México?

    Trabajo ilustración editorial, diseño de personajes e identidad visual para proyectos editoriales, culturales y de marca. Disponible para colaboraciones en México y el mundo.


    Referencias

    Carr, C. T. (2020). CMC is dead, long live CMC. Journal of Computer-Mediated Communication, 25(1), 1–14.

    Dondis, D. A. (1973). A primer of visual literacy. MIT Press.

  • Arte artesanal en Colima: el diseño detrás de Komunal Restaurante

    Arte artesanal en Colima: el diseño detrás de Komunal Restaurante

    Algunos objetos nacen para durar. Otros, para vivir intensamente y romperse. La serie de platos artesanales oaxaqueños que formó parte del proyecto decorativo del restaurante Komunal, en Colima, pertenece a esa segunda categoría — y eso, lejos de ser una tragedia, es exactamente lo que los hace memorables.

    Cuando un plato deja de ser un plato

    Todo comenzó con una pregunta sencilla: ¿qué pasa cuando un objeto utilitario se convierte en lienzo? Los platos de esta serie — elaborados principalmente en Oaxaca de forma completamente artesanal — llegaron a Komunal no como vajilla de servicio, sino como piezas únicas que dialogaban con la comida, con el espacio y con quien los miraba.

    Cada uno tiene una personalidad imposible de replicar. Hay platos de barro negro vidriado con rostros trazados en línea blanca continua — un ojo grande y expresivo que ocupa el centro, una boca apenas esbozada, una nariz que parece flotar — con esa energía directa que recuerda a Picasso pero huele a mercado de Tlacolula. Otros, en negro profundo, muestran manos que abrazan aves en vuelo, trazadas con esa generosidad gestual que solo da el pincel mojado sobre arcilla cruda. Según García Canclini (1990), las artesanías mexicanas funcionan precisamente en esa tensión entre lo funcional y lo simbólico, entre el objeto de uso y la expresión de una identidad cultural que se resiste a desaparecer.

    Los colores también narran. El barro rojo de Oaxaca aparece en una pieza donde líneas blancas irradian desde el centro como una flor silvestre o una explosión detenida en el tiempo. El negro con espirales rosas — ojos que se multiplican, se enroscan, se miran entre sí — tiene una energía casi prehispánica, como si el diseñador hubiera escuchado a los códices antes de pintar.

    Plato de barro negro oaxaqueño con rostro abstracto pintado a mano, restaurante Komunal Colima

    La fragilidad como parte del proyecto

    Varios de estos platos ya no existen. Colgados en las paredes del restaurante, cayeron al piso y se hicieron mil pedazos. Y sin embargo, esa posibilidad de ruptura estaba inscrita en el proyecto desde el principio — porque ninguno fue diseñado para la eternidad, sino para el presente vivo de un restaurante que los necesitaba aquí, ahora, en conversación con los comensales.

    Hay algo profundamente honesto en eso. Como señala Turgeon (2003), los objetos cotidianos adquieren su mayor carga significativa precisamente cuando son usados, expuestos al riesgo, integrados en la vida real en lugar de preservados bajo campanas de vidrio. Komunal no los trató como reliquias — los hizo trabajar. Los puso a la altura de los ojos, los cruzó con la luz de la tarde, los dejó convivir con el olor del mole y el ruido de las conversaciones.

    Los que sobreviven descansan ahora con esa dignidad tranquila de quien cumplió su misión. Los que se rompieron dejaron algo más difícil de cuantificar: la memoria de haber estado ahí, de haber formado parte de una experiencia gastronómica que entendió que el arte no decora la vida — la es.

    La relación entre soporte y dibujo también es clave. El color oscuro de varios platos permite que los trazos claros destaquen con alto contraste. En otros, como el plato rojo, el dibujo se integra más suavemente al fondo, produciendo una lectura más orgánica. El borde del plato y su concavidad influyen en la percepción: el centro actúa como núcleo visual, mientras el perímetro se convierte en espacio narrativo.

    Otro elemento importante es la economía formal. Las imágenes se construyen con muy pocos elementos: ojos, bocas, manos, puntos, círculos o líneas radiales. Estos signos básicos activan la lectura simbólica del espectador. Un ojo central, por ejemplo, convierte el plato en una especie de rostro o máscara; múltiples ojos generan una sensación orgánica, casi microscópica; las líneas radiales evocan semillas, flores o explosiones. En todos los casos el plato funciona como marco circular natural, reforzando la composición.

    El hecho de que muchos de los platos provengan de producción artesanal oaxaqueña agrega otra capa estética: cada pieza tiene imperfecciones, variaciones de esmalte, grietas o huellas de uso. Estas irregularidades no se ocultan; al contrario, forman parte de la obra. La intervención gráfica se integra a esa historia material del objeto.

    Plato de barro negro oaxaqueño con rostro abstracto pintado a mano, restaurante Komunal Colima

    Hay además una dimensión interesante en el destino y la fragilidad de las piezas. Algunos platos desaparecieron o se rompieron al caer mientras estaban colgados en el restaurante. Esa condición efímera transforma el proyecto en algo cercano a una instalación viva: piezas que nacen de objetos cotidianos, se exhiben en un espacio de comida y eventualmente regresan a la destrucción o al desgaste. En ese sentido, el proyecto dialoga con la naturaleza temporal de la cocina misma.

    Si la próxima vez que visitas un restaurante sientes que algo en las paredes te mira de vuelta, quizás sea porque alguien tuvo el buen criterio de colgar un plato oaxaqueño donde debería haber ido un cuadro. Visita Komunal en Colima y descubre cómo se ve cuando la cocina y el arte comparten el mismo espacio.

    Referencias

    García Canclini, N. (1990). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo.

    Turgeon, L. (2003). Patrimoines métissés: Contextes coloniaux et postcoloniaux. Éditions de la Maison des sciences de l’homme.


    ¿Te gustó este proyecto? Sigue el proceso creativo en Instagram → @chakhdz

  • Lomo MC-A: reseña completa de la cámara lomógrafa soviética en español

    La Lomo MC-A no es solo una cámara, es un manifiesto. En un mundo obsesionado con la perfección digital y la inmediatez, esta nueva joya de Lomography nos invita a bajar el ritmo, sentir más y disparar con intención.

    Concebida como una cámara analógica de 35 mm, la Lomo MC-A recupera la magia de la fotografía auténtica. Es un tributo al error, al instante imperfecto y a lo profundamente humano que hay detrás de cada encuadre. Ideal para quienes creen que la fotografía es más arte que técnica.

    “Todo el mundo es igual frente al lente… y detrás de él.” — Lomo MC-A

    Diseño y características clave

    Más que una cámara retro, la MC-A combina diseño funcional, estética nostálgica y tecnología analógica avanzada:

    • Lente de cristal Lomo 32 mm f/2.8 con recubrimiento múltiple (multi-coated): definición nítida y ese halo característico de Lomography.
    • Enfoque automático: perfecto para capturar la espontaneidad.
    • Modos de disparo versátiles: automático, prioridad de apertura o completamente manual.
    • Flash integrado y zapata PC-Sync para usar flashes externos.
    • Compatibilidad con películas de 35 mm: revive el placer de revelar tus propios carretes.
    • Exposiciones largas y múltiples: creatividad sin límites.

    Todo esto en un formato point-and-shoot diseñado para acompañarte a todas partes.

    ¿Para quién está pensada esta cámara?

    La Lomo MC-A es para los que se atreven a sentir primero y encuadrar después.

    Si eres curioso, te atraerá su versatilidad. Si eres caótico, te enamorarás de su imprevisibilidad. Si eres humano, descubrirás que cada error puede convertirse en arte.

    Ideal para fotógrafos callejeros, viajeros, artistas visuales o cualquier amante de lo analógico que no se conforma con la perfección plástica del mundo digital.

    La experiencia analógica: más allá del disparo

    Usar la MC-A no es solo hacer fotos. Es reconectar con el proceso. Cargar un carrete. Escuchar el clic del obturador. Esperar el revelado. Y entonces, sorprenderse.

    La fotografía analógica te obliga a estar presente, a confiar en tu instinto, a vivir el momento en vez de revisarlo en una pantalla. La Lomo MC-A te devuelve esa magia.

    La MC-A se diferencia por su espíritu experimental y sus herramientas creativas integradas. No busca competir con las cámaras compactas más convencionales, sino abrir nuevas posibilidades expresivas.

    Conclusión: ¿por qué la Lomo MC-A es más que una cámara?

    En tiempos donde la inteligencia artificial puede generar imágenes en segundos, la Lomo MC-A nos recuerda algo esencial: fotografiar es vivir.

    Esta cámara es una invitación a crear sin filtros, sin likes, sin algoritmos. A volver al origen de la fotografía como forma de expresión, no de validación.

    Si estás listo para ensuciarte las manos, explorar el mundo sin plan y redescubrir la belleza de lo imperfecto… la MC-A está hecha para ti.

    ¿Listo para darle play a tu lado más creativo?

  • INAH sube precios a museos y zonas arqueológicas en 2026: ¿cultura de lujo?

    Dicen que la historia no tiene precio… pero el boleto para conocerla sí.

    Mientras se habla de “democratizar la cultura”, la realidad apunta a otro rumbo: una elitización silenciosa.

    Visitar el Museo de Antropología o recorrer Teotihuacán ya no será una actividad de fin de semana para todos, sino un pequeño lujo cultural.

    “La cultura es el mejor capital de un pueblo, pero se empobrece cuando se vuelve inaccesible.”

    — Adaptación libre de Octavio Paz.

    Este aumento plantea una pregunta urgente:

    ¿de qué sirve preservar el patrimonio si solo unos cuantos pueden entrar a verlo?

    A partir de 2026, visitar los tesoros del pasado mexicano —como el Museo Nacional de Antropología o Teotihuacán— costará más caro.

    La Cámara de Diputados aprobó una reforma a la Ley de Derechos que incrementa considerablemente las tarifas de ingreso a los museos y zonas arqueológicas administrados por el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia).

    Y aunque el discurso oficial repite que “los nacionales no serán afectados”, la realidad dice otra cosa: las familias mexicanas también pagarán más por acceder a su propio patrimonio cultural.

    El aumento, que ahora espera revisión del Senado, divide los recintos en cuatro categorías:

    • Categoría I: (Museo Nacional de Antropología, Castillo de Chapultepec, Templo Mayor, Teotihuacán, Monte Albán, Calakmul, entre otros).
    • Subirá de $100 a $209 pesos. Los mexicanos pagarán $104.50 con descuento del 50%. Categoría II: (Tlatelolco, Malinalco, Toniná, Museo del Carmen, entre otros).
    • De $80 a $156.75 pesos. Los nacionales pagarán $70.53 con descuento del 45%. Categoría III: (Museo Nacional de las Culturas del Mundo, Ex Convento de Yanhuitlán, El Chanal…).
    • De $75 a $143.69 pesos. Costo final para mexicanos: $64.66. Categoría IV: nueva, centrada en las zonas del Tren Maya (Chichén Itzá, Uxmal, Dzibilchaltún).
    • Costo fijo: $104.50 para todos, nacionales o extranjeros.

    Y si lo tuyo es la experiencia “fuera de horario”, el precio de visita nocturna pasará de $355 a $732 pesos.

    Un salto digno de pirámide.

    Cultura “dorada”

    El gobierno defiende la medida argumentando que los extranjeros pagarán el doble, lo que —en teoría— beneficia a los mexicanos.

    Pero más allá de la etiqueta de “descuento”, el incremento es real: nadie sale ileso de esta reforma.

    Incluso la propia Secretaría de Cultura había asegurado hace apenas un mes que “no habría cambios para nacionales”. Sin embargo, el nuevo dictamen contradice ese anuncio.

    ¿Desinformación o reajuste de última hora? Lo cierto es que, con salarios estancados y un costo de vida en aumento, el acceso a la cultura se encarece justo cuando más se necesita.

    No es casual que las zonas cercanas al Tren Maya tengan su propia categoría.

    El turismo internacional es el motor detrás de este nuevo esquema de tarifas. Chichén Itzá, Uxmal y Dzibilchaltún, joyas del sureste, se integran al corredor económico-cultural más lucrativo del país.

    El problema no es atraer visitantes, sino hacerlo a costa de la accesibilidad local.

    Porque mientras el visitante extranjero paga gustoso su boleto premium, las comunidades cercanas siguen sin acceso gratuito o tarifas preferentes.

     ¿Preservar o recaudar?

    El INAH justifica la reforma señalando la necesidad de financiar mantenimiento, conservación y digitalización.

    Y sí, preservar el patrimonio cuesta.

    Pero cuando los aumentos se aplican sin estrategias paralelas de inclusión cultural, el mensaje se distorsiona: la cultura se convierte en un bien de consumo.

    Más boletos, menos visitantes. Más ingresos, menos acceso.

    La ecuación parece contradictoria, pero en política cultural, muchas veces la recaudación gana sobre la educación.

    No se trata de negar el valor del patrimonio ni de rechazar los ajustes económicos.

    Se trata de recordar que la cultura no puede ser una mercancía, sino un derecho.

    Y ese derecho debería incluir la posibilidad de que cualquier mexicano —sin importar su bolsillo— pueda mirar de frente a su historia sin sentir que le están cobrando la entrada a su propia casa.

  • Museos de Colima, cerrados de lunes a nunca

    ¿Te acuerdas del Museo de las Culturas de Occidente Ma. Ahumada de Gomez? Ese espacio en el centro, donde podías mirar piezas arqueológicas, por un momento entender quiénes somos. Hoy está cerrado. No remodelado. No en transición. Cerrado y callado. Y no está solo. En menos de tres años, seis museos del Gobierno del Estado han permanecido cerrados sin una explicación clara ni un plan público para su reactivación. La Subsecretaría de Cultura, ahora subordinada a la SEP y dirigida por Emiliano Zizumbo, no solo perdió autonomía: perdió rumbo.

    Lo grave es que no fue por falta de recursos. Recibieron más presupuesto. Lo que faltó fue voluntad, visión y estructura. Porque cuando tienes dinero y cierras espacios, no estás administrando crisis. Estás abandonando. El discurso de transformación se queda corto cuando el resultado es demolición silenciosa: museos cerrados, acervos en pausa, vitrinas vacías. Y mientras eso pasa, seguimos viendo fotos de reuniones, promesas recicladas y una narrativa que insiste en culpar al pasado.

    Desde mi trinchera, claro que entiendo a Zizumbo. Entiendo la noble y titánica tarea que implica sostener una agenda museística, un proyecto de mediación, una red de recintos con recursos humanos limitados, equipos tecnológicos parciales y estructuras físicas que muchas veces exigen más de lo que pueden dar. Lo entiendo de verdad. Pero lo que no se vale es seguir culpando a las administraciones anteriores como si fueran fantasmas que todavía mueven las llaves. Uno no puede andar diciendo que está al mando si no tiene las riendas de los caballos en la mano.

    Y si no se puede, que lo diga. Que insista. Que exija. Es de humanos ser humildes. Lo que no es aceptable es el cinismo. Ni el abandono. Ni la propaganda hueca disfrazada de política cultural.

    Mientras eso ocurre, la Universidad de Colima —con menos reflectores y sin el aparato mediático— sigue sosteniendo su red de museos: la Pinacoteca, el Pomar, el Rangel, el Del Paso, el del Volcán, el Rancho El Peregrino. Lugares que siguen vivos casi por inercia y por pocas personas que saben que la cultura no se sostiene con discursos, sino con trabajo, paciencia y responsabilidad.

    Así que no, no me sorprende lo que pasa. Lo que salta es que todavía intenten vestirlo de proyecto. Porque esto no es una transformación.

    ¿Y qué tanto nos vamos a tardar en decir que esto no es izquierda ni cultura: es abandono puro y llano?

    ¿Entonces no están cerrados? ¿Están “en proceso”?

    Esta semana, Emiliano Zizumbo respondió en redes a la crítica sobre los museos desaparecidos en Colima. No lo hizo desde un espacio oficial. Lo hizo desde su cuenta personal, con el mismo tono defensivo y despectivo que ya es característico de su gestión. Acusó a medios y ciudadanos de “infodemia”, aseguró que “la oposición” fabrica noticias falsas, y se escudó en una serie de tecnicismos para justificar lo evidente: los museos están cerrados.

    No importa si las colecciones “están en resguardo” o si los espacios ahora “forman parte de otras instituciones.” Lo que importa es que no están abiertos al público. No funcionan como museos. No generan actividades. No cumplen su función social. Y eso lo sabemos quienes caminamos esas calles y encontramos puertas cerradas donde antes había historia.

    Dice Zizumbo que el Museo Griselda Álvarez fue desmantelado en el sexenio anterior. ¿Y entonces? ¿Qué hizo su gestión desde 2021 hasta hoy para reactivarlo? ¿Dónde están las politicas artísticas? ¿Dónde está el diálogo con la comunidad cultural? No se trata de echar culpas hacia atrás. Se trata de asumir responsabilidades presentes.

    Dice también que las piezas están resguardadas, que hay trámites en proceso, que los espacios “ahora son parte de…” o “están en revisión”. Pero esa es justo la crítica: desmantelar sin transparencia, sin participación ciudadana, sin voluntad de reconstruir con la comunidad.

    Un museo no es solo su edificio ni sus vitrinas. Es el derecho de las personas a encontrarse con su historia. A tocar el tiempo a través de los objetos. A ver, a preguntar, a habitar.

    La diferencia es clara: hay quien promete transformación y mantiene ruinas. Y hay quien trabaja en silencio para que la cultura siga respirando.


    Sigue leyendo sobre cultura y museos en Colima: ¿Museos cerrados pero elecciones millonarias?El arte universitario en Google Arts & CultureLa mediación digital como estrategia museistica

  • Art Thinking y color: guía para analizar obras de arte desde el diseño visual

    El arte como punto de partida para pensar

    Cuando miramos una obra de arte solemos detenernos en la técnica, el tema o el estilo. Pero desde el enfoque del Art Thinking se abre un camino distinto: la obra no se contempla como un fin, sino como un detonador para reflexionar, cuestionar y crear.

    En el caso de Alfredo Zalce y Francisco Toledo, sus serigrafías no sólo nos muestran escenas —una orquesta, una mujer con velo, una vendedora— sino que invitan a entrar en un proceso analítico: descomponer el cuadro en formas, texturas y, sobre todo, colores.

    La paleta cromática de cada pieza actúa como un lenguaje paralelo. Extraerla es un ejercicio de deconstrucción que nos permite leer entre líneas: ¿qué emociones emergen del rojo intenso?, ¿qué simboliza la sobriedad del negro?, ¿cómo dialogan los azules y beiges con el contexto social de la obra?

    Al aislar los colores predominantes de cada obra, descubrimos que la pintura se convierte en un mapa emocional y narrativo:

    • Orquesta: tonos cálidos (naranja, rojo) contrastados con azules profundos y negros. La tensión cromática refleja la intensidad y el dramatismo de la música en vivo.
    • Mujer con velo: una paleta contenida en grises y beige, que transmite introspección y silencio, como si el velo no sólo cubriera el rostro, sino también el entorno emocional.
    • Vendedora: la riqueza de los rojos, amarillos y azules resalta la fuerza vital de lo cotidiano, una mirada a la dignidad en medio del trabajo y la resistencia.

    Este proceso de análisis no busca una única interpretación, sino abrir preguntas. El color, al destilarse en paletas, se convierte en una herramienta para pensar, crear conexiones y generar nuevas ideas.

    Artful Thinking

    El ejercicio de extraer paletas cromáticas de una obra de arte es más que un recurso estético: es una estrategia de pensamiento creativo. En ámbitos educativos, empresariales o de innovación, estas dinámicas permiten:

    • Estimular la observación profunda y crítica.
    • Traducir lo visual en metáforas aplicables a otros campos.
    • Inspirar procesos de diseño, branding o storytelling.

    Así, el arte se transforma en un laboratorio de ideas donde los colores no son sólo pigmentos, sino disparadores de reflexión y acción.

    Conclusión
    El Art Thinking nos invita a mirar más allá de la superficie. En las serigrafías de Alfredo Zalce, los colores no sólo pintan escenas: abren posibilidades de pensamiento. Al deconstruir la obra en paletas cromáticas, aprendemos a pensar el mundo con nuevos matices.

    ¿Te animas a mirar tu próxima obra de arte desde el color y no desde la forma?


    Apuntes de clase. Este proyecto de Art Thinking se desarrolló durante mi estancia en la Dirección General de Patrimonio Cultural (DGPC) de la Universidad de Colima. Enseñar también es una forma de dejar huella: estas notas nacen de lo que comparto en el aula y quedan aquí para quien quiera seguir aprendiendo.

  • ¿Puede la IA reinterpretar el pasado indígena? Una reflexión desde la arqueología mexicana y las figurillas del Occidente

    ¿Puede una máquina comprender el espíritu de una cultura ancestral?

    En una era donde la inteligencia artificial (IA) se emplea para escribir textos, componer música o generar rostros humanos, surge una pregunta profunda: ¿puede una IA entender, reinterpretar o representar el legado de las culturas indígenas del México antiguo?

    Imagen tomada del Museo Nacional de Antropológia e Historia. CDMX, Mexico

    Este experimento comienza con cuatro figurillas de barro cocido, procedentes del llamado “complejo de tumbas de tiro” de las culturas del Occidente mesoamericano —Nayarit, Colima y Jalisco— que datan aproximadamente entre el 300 a.C. y el 600 d.C. (Ver information más detallada más adelante)

    Las figurillas, de estética poderosa y simbólica, representan cuerpos humanos que podrían encarnar ancestros, guardianes espirituales o deidades domésticas. Cada una tiene rasgos únicos: una mujer de piernas anchas decoradas, un personaje con pantalones geométricos, un hombre voluminoso con collar, y una joven de postura rígida y peinado elaborado.

    Con curiosidad y espíritu crítico, decidí consultar a la IA: ¿qué ve ella?

    El experimento: describir e interpretar con IA

    El primer paso fue pedir a ChatGPT una descripción detallada de las figurillas:

    “¿Puedes describir las efigies según su origen precolombino? Dame todos los datos que tengas.”

    La IA respondió con precisión técnica: menciones al barro cocido, el estilo de las culturas del Occidente, posturas corporales, vestimenta, y posibles significados rituales. No obstante, surgieron errores notables: por ejemplo, identificó como masculino a una figura que claramente tiene rasgos femeninos, como representaciones genitales y grafismos decorativos en las piernas.

    Posteriormente, pedí algo más ambicioso: una imagen realista, como si fuera una fotografía Kodak, de las cuatro personas representadas por las efigies. Solicité que se mantuvieran sus vestimentas, atributos físicos y peinados. El resultado fue visualmente impactante, pero reveló un patrón preocupante:

    El sesgo visual de la inteligencia artificial

    Las imágenes generadas, a pesar de mis instrucciones, presentaban a los personajes con rasgos blancos o estandarizados, ignorando la diversidad fenotípica mesoamericana. Tuve que ser explícito:

    “Trata de representar facciones de nativos mexicanos o latinos. No quiero una imagen blanca por defecto.”

    Este incidente no es aislado. Muchos modelos de IA visual, entrenados con bases de datos dominadas por representaciones occidentales, tienden a blanquear o suavizar los rasgos de culturas no europeas. Lo mismo ocurre con tatuajes, escarificaciones, collares y peinados: la IA solo puede interpretar lo que alguna vez fue digitalmente enseñado.

    ¿Es útil la IA para la arqueología?

    Sí, pero con precaución. La IA puede ser una herramienta poderosa para la exploración hipotética, la visualización creativa o el acompañamiento en análisis preliminares. Sin embargo, no sustituye el conocimiento contextual, ni la sensibilidad cultural ni la mirada crítica de los investigadores humanos.

    Lo más valioso de este experimento no fue la imagen generada, sino el proceso: aprender a preguntar, identificar errores, entender límites tecnológicos, y reflexionar sobre cómo representamos —o no— a nuestros antepasados.

    Reflexión final

    La inteligencia artificial no es un oráculo. Es un espejo de nuestros datos, nuestros sesgos y nuestras preguntas. Al usarla para interpretar culturas ancestrales, debemos preguntarnos no solo qué puede ver, sino qué dejamos que vea.

    ¿Tú qué opinas? ¿Crees que la IA puede ayudarnos a reconstruir el pasado o solo lo distorsiona?

    Comparte tu experiencia o tu perspectiva en los comentarios.


    Descripción general de las efigies

    Material: Están hechas de barro cocido (cerámica), modeladas y a menudo decoradas con pintura o incisiones (aunque en esta imagen parecen sin pigmento visible).

    Representación: Estas efigies suelen representar figuras humanas, posiblemente ancestros, deidades domésticas o guardianes asociados con las tumbas. Son reconocidas por su postura característica: brazos doblados sobre el pecho o el abdomen, como se ve en la imagen.

    Desglose por figura (de izquierda a derecha)

    Primera figura: Sexo aparente: Femenino Vestimenta: Falda larga, torso desnudo Rasgos faciales: Estilizados, ojos cerrados o en forma de hendidura Postura: Inclinación ligera hacia adelante, manos sobre el abdomen

    Segunda figura: Sexo aparente: Indeterminado o masculino Ropa o decoración corporal: Pantalones decorados con líneas incisas Peinado elevado: Típico de las culturas del Occidente Estilo geométrico: Representación abstracta del cuerpo

    Tercera figura: Sexo aparente: Masculino Cuerpo más voluminoso: Puede representar fertilidad, autoridad o un personaje importante Collar o pectoral: Detalle en el cuello

    Cuarta figura: Sexo aparente: Femenino Alta estilización corporal: Cuerpo alargado, postura rígida Tanga o prenda triangular: Similar a representaciones de danzantes o figuras rituales Peinado trenzado o casco decorativo

    Sorpresa! La anterior información fue resuelta con IA. Pero, tan importante es el resultado como el "prompt". Si el usuario no sabe que pedir resultarán respuestas más ambiguas aquí lo que pedí:

    Puedes describir las efigies según su origen precolombino? Dame todos los datos que tengas.

    
    
  • Cómo ver una obra de arte en un museo: método Art Thinking con ejemplos prácticos

    Tras el ejercicio de «Diagramaciones del espacio», el proyecto de comunicación visual evolucionó hacia una forma más pausada y detallada de análisis. Esta vez, el detonador fue un grabado pequeño del artista Johan Moritz Rugendas.

    El nuevo ejercicio se tituló «¿Vemos o observamos una pintura?», y su propósito era provocar una lectura más enfocada, íntima y reflexiva de la imagen.

    El análisis de esta pieza se estructuró nuevamente en formato carrusel para Instagram, pero con una lógica diferente:

    1. Toma general de la imagen: se presentaba el grabado completo para una apreciación global.
    2. Tres observaciones puntuales: mediante círculos ampliados (zoom), se enfocaban detalles específicos de la obra.

    Del grabado al pensamiento

    Cada uno de estos acercamientos incluía una pregunta que abría múltiples interpretaciones, fomentando el pensamiento crítico y creativo. Algunas de las preguntas incluidas fueron:

    • ¿Qué representa este edificio en el fondo? ¿Por qué fue incluido por el artista?
    • ¿Qué nos puede decir este grabado sobre la gastronomía de la época?

    Este enfoque responde al principio de que «observar» requiere más atención, más intención, y más preguntas. Como sugiere Perkins (1994), ver no es lo mismo que observar, y entrenar la observación es entrenar el pensamiento.

    Utilizar una obra de pequeño formato fue también una decisión pedagógica. No siempre es necesario un gran formato para generar grandes ideas. Rugendas, con su precisión documental y carga simbólica, nos permitió explorar contextos históricos, sociales y culturales a través del arte.

    Como plantea Ritchhart (2015), generar culturas de pensamiento implica activar la curiosidad y el asombro en los espacios educativos. Este ejercicio buscó justamente eso.


    Preguntas para ti:

    • ¿Has practicado alguna vez el «zoom» en una obra de arte?
    • ¿Cómo cambia tu interpretación cuando te enfocas en un detalle?
    • ¿Qué otra pregunta creativa podrías hacerle a una imagen?

    Este segundo ejercicio del proyecto confirma que el arte es un campo infinito para el pensamiento visual. A través del Art Thinking, los museos se convierten en espacios donde mirar es cuestionar, y observar es pensar.

    Te animo a practicar este ejercicio con cualquier obra: elige una imagen, hazle zoom, detente en un detalle y pregúntate: ¿qué veo realmente?

    Recursos:

    • Perkins, D. (1994). The Intelligent Eye: Learning to Think by Looking at Art. Los Angeles: Getty Publications.
    • Ritchhart, R. (2015). Creating Cultures of Thinking. San Francisco: Jossey-Bass.
    • Smithsonian Institution (2023). Teaching Critical Thinking through Art. EDX Course. https://www.edx.org/course/teaching-critical-thinking-through-art

    Apuntes de clase. Este proyecto de Art Thinking se desarrolló durante mi estancia en la Dirección General de Patrimonio Cultural (DGPC) de la Universidad de Colima. Enseñar también es una forma de dejar huella: estas notas nacen de lo que comparto en el aula y quedan aquí para quien quiera seguir aprendiendo.