Hay experiencias que te marcan de por vida. Una de ellas fue el Corona Capital 2021: mi primera vez ilustrando artistas en tiempo real contrarreloj, en plena entrevista, de la mano de la revista Dónde Ir. Más de 20 retratos en dos días, en menos de 4 minutos cada uno, con el caos del festival como telón de fondo.
Cuatro años después, Dónde Ir me invitó de nuevo. Esta vez el escenario era mucho mayor: el Vive Latino 2026, la 26° edición del Festival Iberoamericano de Cultura Musical. 80 mil personas por día en el Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México, los días 14 y 15 de
marzo.
La dinámica fue la misma que aprendí en el Corona Capital: capturar la esencia de cada artista que llegaba a medios mientras el equipo de Dónde Ir los entrevistaba bajo sus luces y cámaras. Yo al lado, con el iPad Pro y el Apple Pencil Pro, sin tiempo para corregir, solo con impulso y ojo entrenado. El resultado: más de 16 ilustraciones en dos días, cada una un retrato instantáneo de un momento irrepetible.
Los artistas ilustrados
De la Carpa Little Caesars al Escenario Amazon, estos fueron los artistas que pasaron por el lápiz digital durante el VL26:
Carlos Sadness — pop alternativo español, Escenario Amazon día 1.
Planta Industrial — dúo dominicano-neoyorquino de punk-metal-dembow.
Erin Memento — cantante española de indie melancólico.
Hay herramientas que no solo cambian cómo trabajas — cambian cómo piensas sobre tu trabajo. El iPad Pro fue eso para mí. No una mejora incremental sino un antes y un después en cómo illustro, cómo itero y, sobre todo, cómo comparto lo que hago.
La ilustración digital siempre estuvo ahí, pero atada a un escritorio, a una tableta conectada, a la lógica de «me siento a trabajar». El iPad Pro rompió esa geografía. De repente el boceto podía pasar a línea limpia podía pasar a color podía pasar a publicación — todo en el mismo dispositivo, en el mismo flujo, sin fricción.
Eso se nota en los resultados. Las ilustraciones de este compilado son muy distintas entre sí en tema y tono: un Joker trabajado en dos registros completamente diferentes — uno con línea expresiva y color plano en teal y salmón, otro en caricatura exagerada y cómica — demuestra que la misma herramienta puede sostener tanto el trabajo más elaborado como el sketch rápido y honesto.
Lo que une piezas tan distintas no es el estilo sino la libertad de ejecución. Según Dondis (1973), la coherencia visual en una obra no depende de que todos los elementos se parezcan, sino de que respondan a una misma intención. Y aquí la intención es clara: explorar sin pedir permiso.
El WIP como contenido: bocetar en público
Una de las cosas que más ha cambiado con el iPad no es técnica sino comunicativa. Antes terminar una ilustración era el requisito para existir en redes. Ahora el boceto es contenido. El WIP es contenido. El error corregido en tiempo real es contenido.
Compartir el proceso no es mostrar imperfección — es mostrar trabajo real. Y eso conecta de una forma que la pieza terminada a veces no logra. La gente no solo quiere ver el resultado; quiere entender cómo piensas, cómo resuelves, qué descartas.
El iPad Pro no me dio talento nuevo. Me quitó las excusas para no usarlo. Si tienes una historia visual que contar, el límite ya no es la herramienta — eres tú decidiendo si empiezas hoy o lo dejas para después. ¿Cuál fue la herramienta que cambió tu proceso? Cuéntamelo en los comentarios.
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Algunos objetos nacen para durar. Otros, para vivir intensamente y romperse. La serie de platos artesanales oaxaqueños que formó parte del proyecto decorativo del restaurante Komunal, en Colima, pertenece a esa segunda categoría — y eso, lejos de ser una tragedia, es exactamente lo que los hace memorables.
Cuando un plato deja de ser un plato
Todo comenzó con una pregunta sencilla: ¿qué pasa cuando un objeto utilitario se convierte en lienzo? Los platos de esta serie — elaborados principalmente en Oaxaca de forma completamente artesanal — llegaron a Komunal no como vajilla de servicio, sino como piezas únicas que dialogaban con la comida, con el espacio y con quien los miraba.
Cada uno tiene una personalidad imposible de replicar. Hay platos de barro negro vidriado con rostros trazados en línea blanca continua — un ojo grande y expresivo que ocupa el centro, una boca apenas esbozada, una nariz que parece flotar — con esa energía directa que recuerda a Picasso pero huele a mercado de Tlacolula. Otros, en negro profundo, muestran manos que abrazan aves en vuelo, trazadas con esa generosidad gestual que solo da el pincel mojado sobre arcilla cruda. Según García Canclini (1990), las artesanías mexicanas funcionan precisamente en esa tensión entre lo funcional y lo simbólico, entre el objeto de uso y la expresión de una identidad cultural que se resiste a desaparecer.
Los colores también narran. El barro rojo de Oaxaca aparece en una pieza donde líneas blancas irradian desde el centro como una flor silvestre o una explosión detenida en el tiempo. El negro con espirales rosas — ojos que se multiplican, se enroscan, se miran entre sí — tiene una energía casi prehispánica, como si el diseñador hubiera escuchado a los códices antes de pintar.
La fragilidad como parte del proyecto
Varios de estos platos ya no existen. Colgados en las paredes del restaurante, cayeron al piso y se hicieron mil pedazos. Y sin embargo, esa posibilidad de ruptura estaba inscrita en el proyecto desde el principio — porque ninguno fue diseñado para la eternidad, sino para el presente vivo de un restaurante que los necesitaba aquí, ahora, en conversación con los comensales.
Hay algo profundamente honesto en eso. Como señala Turgeon (2003), los objetos cotidianos adquieren su mayor carga significativa precisamente cuando son usados, expuestos al riesgo, integrados en la vida real en lugar de preservados bajo campanas de vidrio. Komunal no los trató como reliquias — los hizo trabajar. Los puso a la altura de los ojos, los cruzó con la luz de la tarde, los dejó convivir con el olor del mole y el ruido de las conversaciones.
Los que sobreviven descansan ahora con esa dignidad tranquila de quien cumplió su misión. Los que se rompieron dejaron algo más difícil de cuantificar: la memoria de haber estado ahí, de haber formado parte de una experiencia gastronómica que entendió que el arte no decora la vida — la es.
La relación entre soporte y dibujo también es clave. El color oscuro de varios platos permite que los trazos claros destaquen con alto contraste. En otros, como el plato rojo, el dibujo se integra más suavemente al fondo, produciendo una lectura más orgánica. El borde del plato y su concavidad influyen en la percepción: el centro actúa como núcleo visual, mientras el perímetro se convierte en espacio narrativo.
Otro elemento importante es la economía formal. Las imágenes se construyen con muy pocos elementos: ojos, bocas, manos, puntos, círculos o líneas radiales. Estos signos básicos activan la lectura simbólica del espectador. Un ojo central, por ejemplo, convierte el plato en una especie de rostro o máscara; múltiples ojos generan una sensación orgánica, casi microscópica; las líneas radiales evocan semillas, flores o explosiones. En todos los casos el plato funciona como marco circular natural, reforzando la composición.
El hecho de que muchos de los platos provengan de producción artesanal oaxaqueña agrega otra capa estética: cada pieza tiene imperfecciones, variaciones de esmalte, grietas o huellas de uso. Estas irregularidades no se ocultan; al contrario, forman parte de la obra. La intervención gráfica se integra a esa historia material del objeto.
Hay además una dimensión interesante en el destino y la fragilidad de las piezas. Algunos platos desaparecieron o se rompieron al caer mientras estaban colgados en el restaurante. Esa condición efímera transforma el proyecto en algo cercano a una instalación viva: piezas que nacen de objetos cotidianos, se exhiben en un espacio de comida y eventualmente regresan a la destrucción o al desgaste. En ese sentido, el proyecto dialoga con la naturaleza temporal de la cocina misma.
Si la próxima vez que visitas un restaurante sientes que algo en las paredes te mira de vuelta, quizás sea porque alguien tuvo el buen criterio de colgar un plato oaxaqueño donde debería haber ido un cuadro. Visita Komunal en Colima y descubre cómo se ve cuando la cocina y el arte comparten el mismo espacio.
Referencias
García Canclini, N. (1990). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Grijalbo.
Turgeon, L. (2003). Patrimoines métissés: Contextes coloniaux et postcoloniaux. Éditions de la Maison des sciences de l’homme.
¿Te gustó este proyecto? Sigue el proceso creativo en Instagram → @chakhdz
La Lomo MC-A no es solo una cámara, es un manifiesto. En un mundo obsesionado con la perfección digital y la inmediatez, esta nueva joya de Lomography nos invita a bajar el ritmo, sentir más y disparar con intención.
Concebida como una cámara analógica de 35 mm, la Lomo MC-A recupera la magia de la fotografía auténtica. Es un tributo al error, al instante imperfecto y a lo profundamente humano que hay detrás de cada encuadre. Ideal para quienes creen que la fotografía es más arte que técnica.
“Todo el mundo es igual frente al lente… y detrás de él.” — Lomo MC-A
Diseño y características clave
Más que una cámara retro, la MC-A combina diseño funcional, estética nostálgica y tecnología analógica avanzada:
Lente de cristal Lomo 32 mm f/2.8 con recubrimiento múltiple (multi-coated): definición nítida y ese halo característico de Lomography.
Enfoque automático: perfecto para capturar la espontaneidad.
Modos de disparo versátiles: automático, prioridad de apertura o completamente manual.
Flash integrado y zapata PC-Sync para usar flashes externos.
Compatibilidad con películas de 35 mm: revive el placer de revelar tus propios carretes.
Exposiciones largas y múltiples: creatividad sin límites.
Todo esto en un formato point-and-shoot diseñado para acompañarte a todas partes.
¿Para quién está pensada esta cámara?
La Lomo MC-A es para los que se atreven a sentir primero y encuadrar después.
Si eres curioso, te atraerá su versatilidad. Si eres caótico, te enamorarás de su imprevisibilidad. Si eres humano, descubrirás que cada error puede convertirse en arte.
Ideal para fotógrafos callejeros, viajeros, artistas visuales o cualquier amante de lo analógico que no se conforma con la perfección plástica del mundo digital.
La experiencia analógica: más allá del disparo
Usar la MC-A no es solo hacer fotos. Es reconectar con el proceso. Cargar un carrete. Escuchar el clic del obturador. Esperar el revelado. Y entonces, sorprenderse.
La fotografía analógica te obliga a estar presente, a confiar en tu instinto, a vivir el momento en vez de revisarlo en una pantalla. La Lomo MC-A te devuelve esa magia.
La MC-A se diferencia por su espíritu experimental y sus herramientas creativas integradas. No busca competir con las cámaras compactas más convencionales, sino abrir nuevas posibilidades expresivas.
Conclusión: ¿por qué la Lomo MC-A es más que una cámara?
En tiempos donde la inteligencia artificial puede generar imágenes en segundos, la Lomo MC-A nos recuerda algo esencial: fotografiar es vivir.
Esta cámara es una invitación a crear sin filtros, sin likes, sin algoritmos. A volver al origen de la fotografía como forma de expresión, no de validación.
Si estás listo para ensuciarte las manos, explorar el mundo sin plan y redescubrir la belleza de lo imperfecto… la MC-A está hecha para ti.
¿Te acuerdas del Museo de las Culturas de Occidente Ma. Ahumada de Gomez? Ese espacio en el centro, donde podías mirar piezas arqueológicas, por un momento entender quiénes somos. Hoy está cerrado. No remodelado. No en transición. Cerrado y callado. Y no está solo. En menos de tres años, seis museos del Gobierno del Estado han permanecido cerrados sin una explicación clara ni un plan público para su reactivación. La Subsecretaría de Cultura, ahora subordinada a la SEP y dirigida por Emiliano Zizumbo, no solo perdió autonomía: perdió rumbo.
Lo grave es que no fue por falta de recursos. Recibieron más presupuesto. Lo que faltó fue voluntad, visión y estructura. Porque cuando tienes dinero y cierras espacios, no estás administrando crisis. Estás abandonando. El discurso de transformación se queda corto cuando el resultado es demolición silenciosa: museos cerrados, acervos en pausa, vitrinas vacías. Y mientras eso pasa, seguimos viendo fotos de reuniones, promesas recicladas y una narrativa que insiste en culpar al pasado.
Desde mi trinchera, claro que entiendo a Zizumbo. Entiendo la noble y titánica tarea que implica sostener una agenda museística, un proyecto de mediación, una red de recintos con recursos humanos limitados, equipos tecnológicos parciales y estructuras físicas que muchas veces exigen más de lo que pueden dar. Lo entiendo de verdad. Pero lo que no se vale es seguir culpando a las administraciones anteriores como si fueran fantasmas que todavía mueven las llaves. Uno no puede andar diciendo que está al mando si no tiene las riendas de los caballos en la mano.
Y si no se puede, que lo diga. Que insista. Que exija. Es de humanos ser humildes. Lo que no es aceptable es el cinismo. Ni el abandono. Ni la propaganda hueca disfrazada de política cultural.
Mientras eso ocurre, la Universidad de Colima —con menos reflectores y sin el aparato mediático— sigue sosteniendo su red de museos: la Pinacoteca, el Pomar, el Rangel, el Del Paso, el del Volcán, el Rancho El Peregrino. Lugares que siguen vivos casi por inercia y por pocas personas que saben que la cultura no se sostiene con discursos, sino con trabajo, paciencia y responsabilidad.
Así que no, no me sorprende lo que pasa. Lo que salta es que todavía intenten vestirlo de proyecto. Porque esto no es una transformación.
¿Y qué tanto nos vamos a tardar en decir que esto no es izquierda ni cultura: es abandono puro y llano?
¿Entonces no están cerrados? ¿Están “en proceso”?
Esta semana, Emiliano Zizumbo respondió en redes a la crítica sobre los museos desaparecidos en Colima. No lo hizo desde un espacio oficial. Lo hizo desde su cuenta personal, con el mismo tono defensivo y despectivo que ya es característico de su gestión. Acusó a medios y ciudadanos de “infodemia”, aseguró que “la oposición” fabrica noticias falsas, y se escudó en una serie de tecnicismos para justificar lo evidente: los museos están cerrados.
No importa si las colecciones “están en resguardo” o si los espacios ahora “forman parte de otras instituciones.” Lo que importa es que no están abiertos al público. No funcionan como museos. No generan actividades. No cumplen su función social. Y eso lo sabemos quienes caminamos esas calles y encontramos puertas cerradas donde antes había historia.
Dice Zizumbo que el Museo Griselda Álvarez fue desmantelado en el sexenio anterior. ¿Y entonces? ¿Qué hizo su gestión desde 2021 hasta hoy para reactivarlo? ¿Dónde están las politicas artísticas? ¿Dónde está el diálogo con la comunidad cultural? No se trata de echar culpas hacia atrás. Se trata de asumir responsabilidades presentes.
Dice también que las piezas están resguardadas, que hay trámites en proceso, que los espacios “ahora son parte de…” o “están en revisión”. Pero esa es justo la crítica: desmantelar sin transparencia, sin participación ciudadana, sin voluntad de reconstruir con la comunidad.
Un museo no es solo su edificio ni sus vitrinas. Es el derecho de las personas a encontrarse con su historia. A tocar el tiempo a través de los objetos. A ver, a preguntar, a habitar.
La diferencia es clara: hay quien promete transformación y mantiene ruinas. Y hay quien trabaja en silencio para que la cultura siga respirando.
¿Puede una máquina comprender el espíritu de una cultura ancestral?
En una era donde la inteligencia artificial (IA) se emplea para escribir textos, componer música o generar rostros humanos, surge una pregunta profunda: ¿puede una IA entender, reinterpretar o representar el legado de las culturas indígenas del México antiguo?
Imagen tomada del Museo Nacional de Antropológia e Historia. CDMX, Mexico
Este experimento comienza con cuatro figurillas de barro cocido, procedentes del llamado “complejo de tumbas de tiro” de las culturas del Occidente mesoamericano —Nayarit, Colima y Jalisco— que datan aproximadamente entre el 300 a.C. y el 600 d.C. (Ver information más detallada más adelante)
Las figurillas, de estética poderosa y simbólica, representan cuerpos humanos que podrían encarnar ancestros, guardianes espirituales o deidades domésticas. Cada una tiene rasgos únicos: una mujer de piernas anchas decoradas, un personaje con pantalones geométricos, un hombre voluminoso con collar, y una joven de postura rígida y peinado elaborado.
Con curiosidad y espíritu crítico, decidí consultar a la IA: ¿qué ve ella?
El experimento: describir e interpretar con IA
El primer paso fue pedir a ChatGPT una descripción detallada de las figurillas:
“¿Puedes describir las efigies según su origen precolombino? Dame todos los datos que tengas.”
La IA respondió con precisión técnica: menciones al barro cocido, el estilo de las culturas del Occidente, posturas corporales, vestimenta, y posibles significados rituales. No obstante, surgieron errores notables: por ejemplo, identificó como masculino a una figura que claramente tiene rasgos femeninos, como representaciones genitales y grafismos decorativos en las piernas.
Posteriormente, pedí algo más ambicioso: una imagen realista, como si fuera una fotografía Kodak, de las cuatro personas representadas por las efigies. Solicité que se mantuvieran sus vestimentas, atributos físicos y peinados. El resultado fue visualmente impactante, pero reveló un patrón preocupante:
El sesgo visual de la inteligencia artificial
Las imágenes generadas, a pesar de mis instrucciones, presentaban a los personajes con rasgos blancos o estandarizados, ignorando la diversidad fenotípica mesoamericana. Tuve que ser explícito:
“Trata de representar facciones de nativos mexicanos o latinos. No quiero una imagen blanca por defecto.”
Este incidente no es aislado. Muchos modelos de IA visual, entrenados con bases de datos dominadas por representaciones occidentales, tienden a blanquear o suavizar los rasgos de culturas no europeas. Lo mismo ocurre con tatuajes, escarificaciones, collares y peinados: la IA solo puede interpretar lo que alguna vez fue digitalmente enseñado.
¿Es útil la IA para la arqueología?
Sí, pero con precaución. La IA puede ser una herramienta poderosa para la exploración hipotética, la visualización creativa o el acompañamiento en análisis preliminares. Sin embargo, no sustituye el conocimiento contextual, ni la sensibilidad cultural ni la mirada crítica de los investigadores humanos.
Lo más valioso de este experimento no fue la imagen generada, sino el proceso: aprender a preguntar, identificar errores, entender límites tecnológicos, y reflexionar sobre cómo representamos —o no— a nuestros antepasados.
Reflexión final
La inteligencia artificial no es un oráculo. Es un espejo de nuestros datos, nuestros sesgos y nuestras preguntas. Al usarla para interpretar culturas ancestrales, debemos preguntarnos no solo qué puede ver, sino qué dejamos que vea.
¿Tú qué opinas? ¿Crees que la IA puede ayudarnos a reconstruir el pasado o solo lo distorsiona?
Comparte tu experiencia o tu perspectiva en los comentarios.
Descripción general de las efigies
Material: Están hechas de barro cocido (cerámica), modeladas y a menudo decoradas con pintura o incisiones (aunque en esta imagen parecen sin pigmento visible).
Representación: Estas efigies suelen representar figuras humanas, posiblemente ancestros, deidades domésticas o guardianes asociados con las tumbas. Son reconocidas por su postura característica: brazos doblados sobre el pecho o el abdomen, como se ve en la imagen.
Desglose por figura (de izquierda a derecha)
Primera figura: Sexo aparente: Femenino Vestimenta: Falda larga, torso desnudo Rasgos faciales: Estilizados, ojos cerrados o en forma de hendidura Postura: Inclinación ligera hacia adelante, manos sobre el abdomen
Segunda figura: Sexo aparente: Indeterminado o masculino Ropa o decoración corporal: Pantalones decorados con líneas incisas Peinado elevado: Típico de las culturas del Occidente Estilo geométrico: Representación abstracta del cuerpo
Tercera figura: Sexo aparente: Masculino Cuerpo más voluminoso: Puede representar fertilidad, autoridad o un personaje importante Collar o pectoral: Detalle en el cuello
Cuarta figura: Sexo aparente: Femenino Alta estilización corporal: Cuerpo alargado, postura rígida Tanga o prenda triangular: Similar a representaciones de danzantes o figuras rituales Peinado trenzado o casco decorativo
Sorpresa! La anterior información fue resuelta con IA. Pero, tan importante es el resultado como el "prompt". Si el usuario no sabe que pedir resultarán respuestas más ambiguas aquí lo que pedí:
Puedes describir las efigies según su origen precolombino? Dame todos los datos que tengas.
Tras el ejercicio de «Diagramaciones del espacio», el proyecto de comunicación visual evolucionó hacia una forma más pausada y detallada de análisis. Esta vez, el detonador fue un grabado pequeño del artista Johan Moritz Rugendas.
El nuevo ejercicio se tituló «¿Vemos o observamos una pintura?», y su propósito era provocar una lectura más enfocada, íntima y reflexiva de la imagen.
El análisis de esta pieza se estructuró nuevamente en formato carrusel para Instagram, pero con una lógica diferente:
Toma general de la imagen: se presentaba el grabado completo para una apreciación global.
Tres observaciones puntuales: mediante círculos ampliados (zoom), se enfocaban detalles específicos de la obra.
Del grabado al pensamiento
Cada uno de estos acercamientos incluía una pregunta que abría múltiples interpretaciones, fomentando el pensamiento crítico y creativo. Algunas de las preguntas incluidas fueron:
¿Qué representa este edificio en el fondo? ¿Por qué fue incluido por el artista?
¿Qué nos puede decir este grabado sobre la gastronomía de la época?
Este enfoque responde al principio de que «observar» requiere más atención, más intención, y más preguntas. Como sugiere Perkins (1994), ver no es lo mismo que observar, y entrenar la observación es entrenar el pensamiento.
Utilizar una obra de pequeño formato fue también una decisión pedagógica. No siempre es necesario un gran formato para generar grandes ideas. Rugendas, con su precisión documental y carga simbólica, nos permitió explorar contextos históricos, sociales y culturales a través del arte.
Como plantea Ritchhart (2015), generar culturas de pensamiento implica activar la curiosidad y el asombro en los espacios educativos. Este ejercicio buscó justamente eso.
Preguntas para ti:
¿Has practicado alguna vez el «zoom» en una obra de arte?
¿Cómo cambia tu interpretación cuando te enfocas en un detalle?
¿Qué otra pregunta creativa podrías hacerle a una imagen?
Este segundo ejercicio del proyecto confirma que el arte es un campo infinito para el pensamiento visual. A través del Art Thinking, los museos se convierten en espacios donde mirar es cuestionar, y observar es pensar.
Te animo a practicar este ejercicio con cualquier obra: elige una imagen, hazle zoom, detente en un detalle y pregúntate: ¿qué veo realmente?
Recursos:
Perkins, D. (1994). The Intelligent Eye: Learning to Think by Looking at Art. Los Angeles: Getty Publications.
Ritchhart, R. (2015). Creating Cultures of Thinking. San Francisco: Jossey-Bass.
Apuntes de clase. Este proyecto de Art Thinking se desarrolló durante mi estancia en la Dirección General de Patrimonio Cultural (DGPC) de la Universidad de Colima. Enseñar también es una forma de dejar huella: estas notas nacen de lo que comparto en el aula y quedan aquí para quien quiera seguir aprendiendo.
Durante mi gestión como Director General de Patrimonio Cultural de la Universidad de Colima, tuve el privilegio de encabezar un proyecto que marcaría un antes y un después en la difusión de nuestro patrimonio artístico: la incorporación del acervo artístico de la Pinacoteca Universitaria a la plataforma Google Arts & Culture.
Hoy, desde una nueva etapa profesional, quiero compartir una reflexión sobre esta iniciativa que llevó el arte universitario a un escenario global.
Google Arts & Culture: una ventana al mundo
Google Arts & Culture es una plataforma digital gratuita, desarrollada por Google en colaboración con instituciones culturales, museos y artistas de todo el mundo. Su misión es preservar y difundir en Internet el arte y la cultura del mundo de una forma dinámica, clara y accesible para todas las personas.
A través de esta plataforma, cualquier usuario puede explorar colecciones de arte en alta resolución, realizar recorridos virtuales por museos, acceder a exposiciones temáticas y descubrir historias culturales que, de otro modo, estarían limitadas por las fronteras físicas.
Como mencioné en la presentación del proyecto: “Es imprescindible que los museos universitarios estén en Internet y que el conocimiento sea divulgado, además de ofrecer una experiencia diferente a los usuarios”.
La alianza con Google Arts & Culture representa un paso fundamental hacia la democratización del acceso al arte universitario. Gracias a este esfuerzo:
Se digitalizaron y publicaron las colecciones de la Pinacoteca Universitaria.
Los usuarios de cualquier parte del mundo podrán explorar la riqueza artística de nuestra universidad y del estado de Colima.
Se abre el panorama a crear nuevas narrativas visuales y recorridos virtuales que enriquecerán la experiencia del usuario.
Este proyecto no solo fortalece la proyección internacional de nuestro acervo, sino que también contribuye a la misión de preservar la memoria colectiva y compartirla de forma inclusiva.
Un legado en evolución
Al reflexionar sobre este logro, me siento profundamente agradecido por el equipo de trabajo, las instituciones aliadas y la comunidad universitaria que hicieron posible esta iniciativa.
La colaboración con Google Arts & Culture es un ejemplo de cómo la tecnología puede ser una aliada poderosa para la cultura. El arte y la cultura deben ser compartidos, no confinados.
Aunque ya no ocupo el cargo de Director General de Patrimonio Cultural, me llena de orgullo saber que esta alianza seguirá evolucionando y que, en un futuro, podrá ampliarse para incluir más colecciones y museos de la Universidad de Colima.
Como universitarios y ciudadanos del mundo digital, tenemos el deber de mantener este compromiso vivo. La cultura es un puente que nos une más allá de las fronteras físicas y temporales. Hoy, gracias a plataformas como Google Arts & Culture, ese puente es más amplio que nunca.
El 13 de noviembre de 2014, se inauguró exitosamente la exposición «15 tesoros detrás de la máscara» del diseñador Carlos Hernández López en el Museo Regional de Historia. Esta muestra está inspirada en elementos de la cultura local.
Dos obras de arte enmarcadas en una pared amarilla, tituladas ’15 TESOROS DETRÁS DE LA MÁS CARA’, con un estilo colorido y figuras abstractas.’15 tesoros detrás de la máscara’ by Carlos Hernández.
Durante la inauguración, el rector de la Universidad de Colima, José Eduardo Hernández Nava, disfrutó las obras del joven creador, destacando que los acrílicos presentaban una serie de rostros y expresiones que capturaban la esencia de la memoria involuntaria. Subrayó que los quince acrílicos reflejan el «imaginario subjetivo» de iconos cotidianos que captan la atención del espectador.
Entre las obras destacadas se encuentran «La Petatera», «Los Chayacates», «Salinas de Cuyutlán», «Rangel Hidalgo», «Comala», «El son de la iguana» y «Los Danzantes», caracterizadas por sus colores intensos y trazos fluidos.
Alfonso Cabrera Macedo, subdirector general de Patrimonio Cultural de la UdeC, alabó la fusión de arte y diseño gráfico en el trabajo de Hernández López, resaltando su alto nivel comunicativo. Felipe Delgado Carrillo, director de Museos y Patrimonio, destacó la colaboración entre la UdeC, el INAH y la Secretaría de Cultura, y elogió el talento y compromiso del artista.
En una entrevista, Carlos Eduardo Hernández López mencionó que su colección, que le tomó aproximadamente un año completar, representa los tesoros culturales y arqueológicos de Colima a través de una selección y transformación iconográfica. Este proceso implicó la cuidadosa elección de elementos representativos de la región para ser reinterpretados artísticamente. Hernández López señaló que cada pieza de la colección busca capturar la esencia histórica y artística de Colima, abarcando una variedad de artefactos y representaciones que incluyen figuras precolombinas y símbolos contemporáneos.