Mermay 2024: Cuando el Color Deja de Susurrar y Empieza a Gritar


Dos años separan este Mermay del anterior. No son muchos en el calendario, pero en términos de lo que estaba dispuesto a hacer con el color, podrían ser una vida entera. En 2022 exploré una paleta que me incomodaba por lo suave. En 2024 hice exactamente lo contrario — y tampoco me arrepiento.

De los malvas empolvados al violeta que no pide disculpas

Si el Mermay 2022 fue un experimento en contención cromática, el 2024 fue la decisión consciente de soltar todo eso. Violeta eléctrico como fondo que vibra. Cyan que casi duele mirarlo junto al magenta. Azul cobalto puro que no negocia con nada. Una paleta que no acompaña a los personajes — los empuja, los enmarca, los obliga a existir con la misma intensidad.

Lo interesante no es que los colores sean saturados — es que funcionan como sistema. Cada pieza tiene su propio fondo dominante pero todas comparten esa temperatura alta, esa energía de cartel, de serigrafía hecha a mano con tinta que se sale de los bordes. Hay algo deliberadamente imperfecto en los contornos manchados del fondo que convive perfectamente con la línea limpia y expresiva de los personajes. Como señala Albers (1963), el color nunca existe en aislamiento — su efecto depende siempre de lo que lo rodea, y aquí cada decisión cromática está tomada pensando en el conjunto de la serie.

Este es el Mermay que más se parece a cómo quiero que se vea mi portafolio. No el más pulido técnicamente, pero sí el más honesto sobre hacia dónde va mi lenguaje visual.

Los personajes como espejo del estado creativo

La paleta cambió pero la lógica de los personajes se mantuvo: animales convertidos en sirenas, con cuerpos gordos y expresivos, sin pretensión de ser convencionales. Una rana-sirena con la boca abierta de par en par, gritando o cantando, sosteniendo una hoja de lirio sobre fondo violeta — pura energía descontrolada y feliz. Un oso-sirena peludo con espirales en las mejillas que parece recién salido de una aldea folklórica submarina. Una ballena-sirena que comparte una guirnalda de flores de mar con una figura humana — la más tierna de la serie, y la que más contrasta con el resto por su quietud. Un gato-sirena en magenta rabioso con ojos diamante que tiene más actitud que muchos personajes de cómic. Y un delfín-sirena en teal profundo que sonríe con esa satisfacción tranquila de quien sabe exactamente quién es.

Lo que une a todos estos personajes, más allá del color, es que ninguno está tratando de ser bonito en el sentido convencional. Están tratando de ser reales — de tener peso, presencia, humor, ternura o extrañeza según lo que cada criatura pide. Según Eisner (1985), los personajes memorables no nacen de la perfección anatómica sino de la consistencia emocional: el lector o espectador reconoce algo verdadero en ellos aunque nunca hayan existido. Estos animales-sirena tienen eso. Son criaturas que claramente viven en algún mar paralelo donde nadie les dijo cómo debían verse.

Este Mermay 2024 es parte de mi portafolio no a pesar de su estridencia sino gracias a ella. Cada año de reto — completo, incompleto o apenas comenzado — deja algo: una paleta nueva, una criatura que no sabía que podía dibujar, una decisión de color que después aparece en otros proyectos sin que lo planees. Si quieres ver más del proceso o tienes curiosidad sobre cómo construí esta paleta, escríbeme. El próximo Mermay ya está en el horizonte — y esta vez puede que sí empiece a tiempo.

Referencias

  • Albers, J. (1963). Interaction of color. Yale University Press.
  • Eisner, W. (1985). Comics and sequential art. Poorhouse Press.


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