El Mermay de 2022 empezó con una decisión incómoda: nada de humanos. Nada de la sirena clásica de cabello ondulado y cola de escamas relucientes. Este año, los protagonistas iban a ser animales — y la paleta de color iba a ser una que yo nunca habría elegido en otra circunstancia.

Cuando decides que tus sirenas no van a ser humanas
Hay algo liberador en ponerte una restricción creativa que no tiene nada que ver con las reglas del reto. Mermay solo dice “dibuja sirenas en mayo”. Lo demás lo decides tú. Y en 2022 decidí que mis sirenas iban a tener plumas, bigotes, aletas de gato y expresiones de total indiferencia ante el mundo.
El resultado fue una familia de criaturas que mezclan lo marino con lo terrestre de una forma que, honestamente, no había explorado antes. Hay un manatí-sirena con los brazos cruzados y cara de haber visto demasiado — tranquilo, inmovible, con esa energía de quien ya no le sorprende nada. Hay un gato-sirena gordito con medalla de pescado al cuello, medio dormido, completamente en paz con su existencia híbrida. Y hay un búho-sirena con lentes oscuros redondos que parece recién llegado de una galería de arte en Ciudad de México.



Convertir animales en sirenas obliga a pensar diferente el diseño de personaje. Ya no es solo “¿qué forma tiene la cola?” sino “¿cómo conviven las plumas con las escamas?”, “¿dónde termina el pecho de un manatí y dónde empieza la aleta?”. Según Lupton (2011), las decisiones más interesantes en diseño ocurren precisamente en esas zonas de tensión entre dos sistemas visuales que no deberían funcionar juntos — y que sin embargo, cuando lo hacen, crean algo completamente nuevo.
Una paleta que no era mía — hasta que sí lo fue
La otra apuesta del año fue el color. Mi zona de confort tiene contrastes más marcados, saturación más directa. Esta paleta — malvas empolvados, rosas viejos, grises con tinte violáceo, fondos que casi se funden con las figuras — era territorio desconocido. El tipo de paleta que admiras en el trabajo de otros pero que sientes que “no es tuyo”.
Y eso, exactamente eso, fue la razón para usarla. Todos los personajes comparten la misma familia cromática aunque cada ilustración tenga su propio fondo temático: espirales suaves para la sirena, algas lineales para el manatí, hojas para el búho. La cohesión no viene de repetir el mismo fondo sino de mantener la temperatura emocional del color constante — algo que, como señala Itten (1961), define la atmósfera de una serie mucho más que cualquier elemento compositivo aislado.
El resultado es una serie que se siente como una colección. Piezas que conviven sin competir, donde el protagonismo lo tienen los personajes y no el ruido visual. Aprendí más sobre mis propias decisiones de color en ese mes que en muchos proyectos anteriores donde simplemente hice lo que ya sabía hacer.

Estas cuatro sirenas ya son parte de lo que soy como ilustrador — incluso si el año siguiente el cuaderno quedó en blanco. Si quieres ver más del proceso o tienes curiosidad sobre la paleta, cuéntame en los comentarios. ¿Tú también has usado un reto creativo para probar algo que te daba miedo?
- Itten, J. (1961). The art of color: The subjective experience and objective rationale of color. Reinhold Publishing.
- Lupton, E. (2011). Graphic design thinking: Beyond brainstorming. Princeton Architectural Press.
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